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martes, 15 de mayo de 2018
DESCUBIERTA LA PUERTA DE BAB AL-WARRAQ
viernes, 1 de diciembre de 2017
RUSSAFA
Russafa és actualment un barri de la ciutat de València amb molta tradició, però amb una població culturalment molt variada, multiètnic, que està començant a convertir-se en el barri de moda del món cultural valencià. Però molt poca gent coneix, en realitat, quin és el seu origen ni per què porta aquest nom. Quan Jaume I va arribar per primera vegada a aquestes terres a principis del segle XIII allò era una alqueria andalusina més de les moltes que envoltaven Madinat Balansiyya, amb algunes cases disperses, un espai d'horta regat per la séquia de Rovella (que no sabem com era de gran) i un terme més o menys delimitat que afrontava amb les alqueries de Patraix, Raiosa o la mateixa València. I ja ho era un segle abans, quan Pere I d'Aragó va atacar la zona d'Ademús i va fer una ràtzia per València, prometent la donació de l'alqueria de Russafa al Orde del Temple quan es conquistara. Durant un temps el mateix rei Jaume I va instal·lar-hi el seu campament, mentre durava el setge a la ciutat, segurament perquè estava suficientment allunyada de qualsevol de los portes de la muralla per les quals, en qualsevol moment, podia eixir un grup de ballesters a cavall per a atacar l'exercit feudal. Després de la conquesta fou sempre un nucli de poblament de reialenc que es va mantindre dins del terme particular de la ciutat, tot i que més tard va arribar a ser un poble independent que acabaria per desaparéixer oficialment quan es va integrar de nou a la ciutat de València en 1877, i les construccions del nou Eixample ortogonal vuitcentista es van engolir, literalment, les seues cases de poble.
Ahora, ¿cuál fue su origen en la época islámica? ¿Permanece en el misterio más absoluto como la mayoría de casas de campo? La verdad es que no tenemos una certeza absoluta, pero todo parece indicar que el origen de Russafa es un agricultor construido por Abd Allah ibn Abd-ar-Rahman (8vo siglo 9 siglo), mejor conocido como al-Balansí porque es en estas tierras donde él pasó la mayor parte de la su vida y era el hijo del emir de Córdoba, Abd ar-Rahman i. pero, lo que hizo a finales del siglo VIII príncipe omeya en la niebla y esquifida Madinat al-Turab (la "ciudad de la tierra o de polvo"), rodeado de tribus bereberes dispuestas a rebelarse -¿Es? Y ¿por qué se construyó una mansión en las afueras de la ciudad y le dio este nombre? Lo mejor va a ir a fiestas y retomar hace algunos siglos y muchos kilómetros hacia el este, el desierto de Palmira, en lo que hoy es Siria y seguir después de la historia hasta la construcción de la Ruzafa de Valencia.
Ahora, ¿cuál fue su origen en la época islámica? ¿Permanece en el misterio más absoluto como la mayoría de casas de campo? La verdad es que no tenemos una certeza absoluta, pero todo parece indicar que el origen de Russafa es un agricultor construido por Abd Allah ibn Abd-ar-Rahman (8vo siglo 9 siglo), mejor conocido como al-Balansí porque es en estas tierras donde él pasó la mayor parte de la su vida y era el hijo del emir de Córdoba, Abd ar-Rahman i. pero, lo que hizo a finales del siglo VIII príncipe omeya en la niebla y esquifida Madinat al-Turab (la "ciudad de la tierra o de polvo"), rodeado de tribus bereberes dispuestas a rebelarse -¿Es? Y ¿por qué se construyó una mansión en las afueras de la ciudad y le dio este nombre? Lo mejor va a ir a fiestas y retomar hace algunos siglos y muchos kilómetros hacia el este, el desierto de Palmira, en lo que hoy es Siria y seguir después de la historia hasta la construcción de la Ruzafa de Valencia.
PALACIO REAL
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| El Palacio Real de Valencia, desde el Puente del Real (figuración virtual) |
Hace tiempo que un grupo de investigadores de la UPV realizaron una recreación visual de como sería el antiguo Palacio Real de Valencia,
encajándolo en la trama urbana de hoy. Este es el resultado: una
interesante visión realista del edificio visto desde el puente
ensanchado en los años 70 y con el moderno edificio de la Pagoda
asomando al fondo.
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| Ubicación del Palacio Real de Valencia en la vista de la ciudad de Anton Van Wynngarde (S.XVI) |
El Palacio surgió en el S. XI como quinta de recreo y descanso para los reyes árabes de la Taifa de Valencia.
Los monarcas cristianos que les sucedieron, lo fueron ampliando y
mejorando, siendo el resultado una construcción de formas un poco
heterogéneas, por el añadido de diversos cuerpos. El Palacio sirvió como
residencia de los virreyes de Valencia y Capitanía General. En 1810,
ante el avance de las tropas napoleónicas, temiendo que se usase el
Palacio como bastión contra la ciudad, los mismos valencianos decidieron
derribarlo, lo que no sirvió absolutamente para nada.
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| Una atractiva aguatinta del S. XVII, que muestra el conjunto del Palacio, el puente y el convento de San Carlos, actual museo de Bellas Artes |
Tras el derribo, los cascotes se apilaron formando la conocida "Montanyeta d'Elio",
en los jardines de Viveros. El Palacio dió nombre a toda la zona (el
Llano del Real) y al puente (Puente del Real). En 1987, durante la
realización de las obras de un colector en la muy transitada calle
General Elio, aparecieron los restos del palacio. Tras su estudio y en
medio de una agria polémica, se decidió cubrirlos con arena y volver a
enterrarlos.
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| Vista de la fachada del Palacio Real. |
Hoy
conocemos con exactitud como era el palacio, gracias al reciente
descubrimiento (2007) en París de unos planos del mismo, realizados en
1802. Estos planos fueron parte del botín saqueado por las tropas
napoleónica. Fueron llevados a Francia, donde permanecieron ignorados
hasta hoy.
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| Maqueta del Palacio Real |
En esta maqueta podemos observar los dos cuerpos principales del Palacio. A la izquierda el Palacio Viejo,
correspondiente a la ampliación que los reyes de Aragón y Valencia
hicieron de la antigua almunia musulmana. Conserva un claro aspecto de
fortificación medieval. El Palacio Nuevo, correspondiente al
conjunto de la derecha, que se articula entorno a dos patios y
corresponde a las ampliaciones realizadas posteriormente . En el S.XVII
se realizó una gran transformación interior y exterior, para eliminar el
caracter excesivamente gótico.
El Palacio siempre conservó su
aspecto de fortaleza, ya que al estar fuera del recinto amurallado de la
ciudad, era vulnerable a los ataques, como lo prueba el que en 1363
fuera incendiado por las tropas castellanas, durante la Guerra de los dos Pedros. Popularmente se le conocía como el Palacio de las 300 llaves en alusión al supuesto numero de habitaciones con el que contaba.
| extraído de esta web |
domingo, 19 de noviembre de 2017
TAPIAL. O COMO SE HACÍAN LAS MURALLAS MUSULMANAS
lunes, 13 de noviembre de 2017
BALANSIYA. LA VALENCIA DEL SIGLO XI. Recorriendo su muralla.
Amplia el mapa y descubre el lienzo de la muralla islámica del siglo XI de Valencia
sábado, 11 de noviembre de 2017
EL ISLAM EN VALENCIA
Desde el 714 el actual territorio de la Comunidad Valenciana estaba bajo mandato islámico. El primer gobernador musulmán de Al Andalus es Abdel Aziz, hijo de Muza. Le sucede una serie de gobernantes dependientes de Damasco.
En 750, los abbasíes asesinan a Marwan II, último califa omeya de Damasco, cuyo hijo, Abd ar-Rahman consigue escapar y llegar a la península, donde es proclamado Emir. Al Andalus se proclama emirato independiente de Damasco y Bagdad, donde los abbasíes instauran la nueva capital. A partir de la proclamación de Abd ar-Rahman I se suceden los Emires hasta la llegada del Califato en 912. Después de la revuelta cordobesa del año1009, el territorio del Califato de Al Andalus se disgrega en unos 20 pequeños reinos independientes, conocidos como Reinos de Taifas.
En el caso de Valencia, el nuevo reino fue gobernado por dos eunucos eslavos, Anbaru Mubarak y Tahúr Mudaffar, amiríes, es decir, seguidores de Al Mansur. Valencia cobró gran relevancia y logró atraer personajes de gran importancia económica y política, con lo que llegó a ser una de las principales ciudades de la península.
A la muerte de ambos gobernadores (1017), Valencia pasa un breve periodo en que es anexionada a Tortosa y Denia sucesivamente, para terminar en manos de un nuevo monarca, nieto de Al Mansur: Abdel Aziz ben Abderrahman al-Nasir ben Abi Amir, primer rey de Valencia (1021). Su reinado duró 40 prósperos años, que vieron nacer las fortificaciones de la ciudad, la medina y arrabales, alquerías, huertas, etc. Le sucedió su hijo Abda al Malik, y a éste, su suegro, Yahya al-Maamun; e éste sucede su nieto, Yahya al-Qadir, que aceptó ser vasallo del rey de Zaragoza, al-Mutamid. Más tarde los castellanos, habiendo pactado con el rey de Toledo al-Qadir, ocupan Toledo y Valencia.
Al abandonar los castellanos Valencia, las tropas de al-Mundir, con su mercenario, Rodrigo Díaz de Vivar, la ocuparon. Sin embargo, Rodrigo Díaz defendió a al-Qadir contra su patrono, al-Mundir. En 1092, Alfonso de Castilla sitia Valencia y Rodrigo atacó Castilla, en represalia, hasta que el Rey se retiró de Valencia, donde el Cid volvió a imponer sitio sobre el gobernante ibn Yahhaf.
Pronto, en 1093, el ejército almorávide se acerca a Valencia, pero no llega a asediarla. El que sí lo consigue es el Cid, por capitulación de ibn Yahhaf, después de meses de asedio y hambruna en la medina. En 1094, el Cid convierte en Catedral la Mezquita Mayor y otras nueve mezquitas eran consagradas como parroquias. En 1099 muere el Cid. Su viuda Jimena logró mantener el dominio sobre Valencia hasta 1102, en que la toman los almorávides. Los ocupantes de la ciudad lo quemaron todo antes de evacuarla. Valencia queda así incorporada al Imperio Almorávide, cuya capital era Marrakech.
Durante el dominio almorávide, los enfrentamientos contra los castellanos proveen a Valencia de rico botín de guerra. Sin embargo, tampoco esta etapa debía durar mucho. En 1121 surge el movimiento almohade en Marruecos y el imperio almorávide se hunde al intentar hacer frente a este nuevo enemigo.
En 1145 Valencia se levanta contra los almorávides y comenzará el reinado de Ibn Sad al-Gazamí ibn Mardanish, conocido como "El Rey Lobo". Nacido en Peñíscola, este valenciano pertenecía a la tribu de los Banu Mardanish. Su ejército luchó contra los almohades aliado con mercenarios cristianos. Su reinado termina en 1172, con su muerte en Mallorca. Su hija Zaida da el nombre al Llano de Zaidía, casa de campo o al-munia que recibió como regalo de su padre.
La pugna todavía tendrá como escenario tierras valencianas durante unos 60 años; Ramón Berenguer IV, rey de Aragón, y Alfonso VII de Castilla, se reparten el reino de Valencia y el reino de Denia hasta Calpe, para Aragón, y el resto del reino de Denia y Murcia para Castilla. Todavía se verá otro rey musulmán en Valencia, al proclamar a Zayyan, nieto del Rey Lobo. Éste capitulará ante el sitio de Jaime I de Aragón, cuyo avance resultó imparable. El sabio y escritor valenciano Ibn al-Abbar fue testigo de las capitulaciones. Durante los días siguientes, la mayoría de los habitantes terminó de abandonar la ciudad, yendo al exilio. Los que quisieron quedarse tuvieron asignada una zona de la medina, que se llamó la morería, que fue cercada con muros con puertas.
Valencia dejó de estar ligada al Islam de forma oficial, aunque según vamos descubriendo documentación relativa a la población mudéjar y morisca, el Islam continuó en el corazón de muchos valencianos hasta el siglo XVII.
sábado, 4 de noviembre de 2017
VISITA A LA VALENCIA MUSULMANA. proyecto BALANSIYA
domingo, 22 de octubre de 2017
Las lozas mudéjares y el revival de La Ceramo
Hace unos días compré un azulejo gótico valenciano del siglo XV, que dentro de la amplia tipología de motivos decorativos me pareció de los más “islámicos” que he observado. Es significativo que, aunque ya habían pasado tres siglos desde la reconquista de la ciudad, todavía pervivía de una forma muy evidente la influencia decorativa islámica. El mercado y el coleccionismo internacional no duda en llamar “Hispano-moresque” a la cerámica valenciana medieval, e incluso de siglos posteriores, si esta está realizada empleando la técnica del reflejo dorado o con motivos islamizantes.
La recuperación de esta loza con una clara finalidad de revival de la cerámica hipano morisca en reflejo dorado, se produjo a finales del siglo XIX con la magnífica recreación de aquellas piezas, cuyos originales se encuentran en los mejores museos del mundo, que llevó a cabo sobre todo la fábrica de La Ceramo en 1889, en las personas de sus fundadores José Ros y Julian Urgell, que se desvincularía pronto. Hasta tal punto existe esa vocación de revival que el propio edificio fue decorado exteriormente con elementos islamizantes, tal como puede observarse todavía, a pesar de estar el edificio tristemente degradado. Parecerá una noticia del NO-DO, pero conviene mencionar que fue tal la fama adquirida por la manufactura, que la mismísima Isabel Wittelbach, conocida por todos como Sisí, emperatriz de Austria, pasó por sus dependencias, adquiriendo diversas piezas para su palacio. Ese tipo de cosas que han pasado en Valencia.
LOS POETAS ÁRABES HABLAN DE VALENCIA
VALÈNCIA. Esta es la historia de un patrimonio material desaparecido. Los valencianos somos muy de, eufemísticamente hablando, renovar: sin ir más lejos pronto lo haremos a través del ritual del fuego, o siendo más francos, la cuestionable estética de muchas poblaciones cercanas a Valencia denota esa afición por derribar y levantar. La existencia todavía de unos cuantos vestigios diseminados y, hay que decirlo, escasamente valorados, es ni más ni menos que la prueba de la presencia de todo un mundo sustituido por otro. No busquemos, lamentablemente, en Valencia un caso como el de la Mezquita de Córdoba, aun en escala reducida, de la Alhambra de Granada o de la Giralda de Sevilla, alminar de la antigua mezquita, hoy torre catedralicia cristiana, por poner varios ejemplos.
Y Valencia fue tan Al Andalus como todas esas ciudades, pero ninguna de las mezquitas que existían en la Valencia del siglo XI ha quedado en pie, siquiera parcialmente. El Palacio Del Real, que trae su nombre del árabe “rahal” que se puede traducir como “casa de campo” también ha desparecido. Hay que aclarar que nunca fue el palacio de ningún rey, aunque a veces se alojaron allí monarcas de todas las dinastías hasta su destrucción en 1810. Se trataba realmente de una finca de recreo también llamada Almunia en la que los reyes de la Taifa de Balansiya (Valencia) se retiraban para descansar. Por tanto, nunca ha sido un palacio real, debiendo llamarse, entonces, Palacio del Real. El mismo destino tuvo el de los Omeyas en Ruzafa del que sabemos cosas por tradición escrita. Una rica toponimia permanece, eso sí, así como una forma de entenderse con el medio rural, a través de un sistema de tratamiento de las aguas que fue recogido con admiración por cronistas y viajeros de los orígenes más diversos. En artes aplicadas los motivos islamizantes los podemos observar sobretodo en una cerámica de reconocimiento internacional y un cierto revival a finales del siglo XIX.
¿Valoramos el rico pasado musulmán de Valencia como toca?. Me da la sensación de que este esplendoroso pasado nos queda como algo más pintoresco que otra cosa, sin que se haya llegado a valorar la importancia que tuvo en la medida que lo merece. A la eliminación de muchos de los testimonios me remito. Según el historiador Josep Vicent Boira, “(…) la Valencia islámica se ha presentado tradicionalmente como un paréntesis”. Un paréntesis de quinientos años, añade. Recuerdo que en el programa de estudios de Historia del Arte la asignatura dedicada al arte islámico tenía la misma importancia que la de arte ruso.
sábado, 6 de febrero de 2016
El tesoro Islámico de Balansiya
Tuvimos el privilegio de poder participar en la presentación del
Tesoro Islámico encontrado en la Avenida de la Constitución, de
Valencia, un magnífico conjunto compuesto por más de 1500 monedas
andalusíes de oro y plata. Las más antiguas corresponden al período
califal, hasta Abderramán III; las más modernas fueron acuñadas por el
califa fatimí Al-Zahir (1021-1036). La ocultación del tesoro se sitúa en
los primeros tiempos de la taifa de Balansiya, coincidiendo con el
reinado de Abd al-Aziz (1021-1061), rey de la dinastía amirí, a quien se
atribuye la construcción de la muralla árabe de Valencia.
De pequeña solía escuchar cuentos que hablaban de tesoros ocultos enterrados por los “moros”, de búsquedas esperanzadoras pero infructuosas de esos supuestos tesoros “la búsqueda del tesoro escondido”, del fausto árabe: finas sedas, brocados, piedras preciosas, joyas, monedas de plata y oro… pero siempre pensé que eran... eso... “cuentos”

Sin embargo no es la primera vez que se producen este tipo de hallazgos, en los últimos 20 años, los arqueólogos han recuperado en la capital valenciana una decena de tesoros de época romana, islámica y medieval. Uno de los tesoros más importantes de Valencia está formado por casi 2.000 monedas islámicas de oro muy bien conservadas. Todo ocurrió el 12 de marzo de 2001. Antonio Martínez y otros compañeros picaban en una zanja de la calle Santa Elena de mi querido Barrio del Carmen cuando encontró 1.940 dinares y fracciones de dinar árabe cuyo valor, millonario sin ninguna duda, está por determinar. Este tesoro de moneda islámica se envió al Museo de Prehistoria de la Diputación de Valencia.
Los técnicos también trabajan en el estudio de otro tesoro de monedas islámicas de plata del siglo XI hallado en 2011 junto a la plaza de la Merced. Si resultan ser de la época de la taifa de Balansiya valdrían miles de euros
El que ahora nos ocupa fue descubierto el año 2009 durante el proceso de investigación arqueológica de un solar ubicado en el número 3 de la citada Avenida de la Constitución previo a la construcción de un inmueble. Se encontró una vasija cerámica que contenía un total de 1543 monedas. En el conjunto se distinguen unas 19 monedas de oro (dinares) y el resto de plata (dirhams), casi todas ellas datadas en el primer tercio del siglo XI.

Este notable conjunto de monedas representa un hallazgo de un alto valor histórico ya que aporta información de primera mano sobre una etapa especialmente desconocida, como es la de los inicios de la taifa de Valencia. Las monedas de origen fatimí, con mucho las más abundantes del lote, apuntan a la existencia de importantes relaciones entre Egipto y Valencia en ese momento, un aspecto poco estudiado pero de gran relevancia histórica.
Las monedas de plata se encontraban totalmente amalgamadas mediante sedimentos terrosos y productos de corrosión del cobre. Además sufrían un proceso generalizado de oxidación, tendiendo hacía la mineralización del metal. Pero afortunadamente, la oxidación solo afectaba la superficie metálica sin llegar a penetrar en la estructura de las piezas.
Los especialistas evaluaron el estado inicial, estudiaron los materiales e iniciaron un minucioso y científico proceso de recuperación eliminando las concentraciones de masas terrosas mediante ultrasonidos de baja intensidad, realizando limpiezas químicas de las monedas mediante inmersión en agentes quelantes y tras la restauración bajo lupa del recipiente que las contenía. Por fin ahora, y desde hoy el tesoro escondido de Balansiya vuelve a brillar para todos aquellos que dessen contemplarlo y visiten el Museu d’Història de València. Lo dicho, toda una alegría para mí como valenciana musulmana.

De pequeña solía escuchar cuentos que hablaban de tesoros ocultos enterrados por los “moros”, de búsquedas esperanzadoras pero infructuosas de esos supuestos tesoros “la búsqueda del tesoro escondido”, del fausto árabe: finas sedas, brocados, piedras preciosas, joyas, monedas de plata y oro… pero siempre pensé que eran... eso... “cuentos”
(Tesoro Islámico de Balansiya. Amparo Sánchez Rosell).
Sin embargo no es la primera vez que se producen este tipo de hallazgos, en los últimos 20 años, los arqueólogos han recuperado en la capital valenciana una decena de tesoros de época romana, islámica y medieval. Uno de los tesoros más importantes de Valencia está formado por casi 2.000 monedas islámicas de oro muy bien conservadas. Todo ocurrió el 12 de marzo de 2001. Antonio Martínez y otros compañeros picaban en una zanja de la calle Santa Elena de mi querido Barrio del Carmen cuando encontró 1.940 dinares y fracciones de dinar árabe cuyo valor, millonario sin ninguna duda, está por determinar. Este tesoro de moneda islámica se envió al Museo de Prehistoria de la Diputación de Valencia.
Los técnicos también trabajan en el estudio de otro tesoro de monedas islámicas de plata del siglo XI hallado en 2011 junto a la plaza de la Merced. Si resultan ser de la época de la taifa de Balansiya valdrían miles de euros
El que ahora nos ocupa fue descubierto el año 2009 durante el proceso de investigación arqueológica de un solar ubicado en el número 3 de la citada Avenida de la Constitución previo a la construcción de un inmueble. Se encontró una vasija cerámica que contenía un total de 1543 monedas. En el conjunto se distinguen unas 19 monedas de oro (dinares) y el resto de plata (dirhams), casi todas ellas datadas en el primer tercio del siglo XI.
Este notable conjunto de monedas representa un hallazgo de un alto valor histórico ya que aporta información de primera mano sobre una etapa especialmente desconocida, como es la de los inicios de la taifa de Valencia. Las monedas de origen fatimí, con mucho las más abundantes del lote, apuntan a la existencia de importantes relaciones entre Egipto y Valencia en ese momento, un aspecto poco estudiado pero de gran relevancia histórica.
Las monedas de plata se encontraban totalmente amalgamadas mediante sedimentos terrosos y productos de corrosión del cobre. Además sufrían un proceso generalizado de oxidación, tendiendo hacía la mineralización del metal. Pero afortunadamente, la oxidación solo afectaba la superficie metálica sin llegar a penetrar en la estructura de las piezas.
Los especialistas evaluaron el estado inicial, estudiaron los materiales e iniciaron un minucioso y científico proceso de recuperación eliminando las concentraciones de masas terrosas mediante ultrasonidos de baja intensidad, realizando limpiezas químicas de las monedas mediante inmersión en agentes quelantes y tras la restauración bajo lupa del recipiente que las contenía. Por fin ahora, y desde hoy el tesoro escondido de Balansiya vuelve a brillar para todos aquellos que dessen contemplarlo y visiten el Museu d’Història de València. Lo dicho, toda una alegría para mí como valenciana musulmana.
Cherifa Ben Hassine, Consuelo Pérez y Amparo Sánchez Rosell en el Museu d’Història de València durante la presentación del Tesoro Islámico.
jueves, 7 de enero de 2016
La ruta de los 6000 escalones
Existe un lugar único en la Comunidad Valenciana. Un
lugar capaz de transportarte al pasado, repleto de leyendas, de
historia, de huellas de nuestro pasado morisco y de los cristianos que
conquistaron Balansiya para fundar el Reino Cristiano de Valencia, dando
lugar a que este paraje se convirtiera en el último reducto de los
moriscos antes de su expulsión definitiva por Felipe III.
Un paraje bello pero duro a la vez, rocoso pero repleto de vegetación,
que sin duda alguna no deja de sorprender a quien lo visita por culpa,
en gran parte, de la ruta de los 6000 escalones.
La población, cercana al lugar del que hoy os dedico este artículo,
no supera apenas los 1500 habitantes, manteniendo ese aire de montaña y
rural elevado a unos 500 metros de altitud entre dos sierras del
precioso valle donde se encuentra, dejando a un lado el tan conocido y visitado Barranco del Infierno, cita obligada por barranquistas, senderistas y espeleólogos, y al otro lado la Sierra del Cavall Verd o Sierra del Penyó (de 800 metros de altitud aproximadamente) con
multitud de fuentes, manantiales y una particularidad que le hace un
lugar especial: Los más de 6000 escalones a recorrer para llegar su
cima.
Pero el nacimiento de estos escalones tiene un comienzo y una historia maravillosa, aunque también de muerte y sangre, y ese comienzo no es otro que la conquista de Jaime I y el cristianismo. ¿Me acompañáis para conocer la historia de este precioso lugar?
Todo comienza en el siglo XIII, donde después de la reconquista, los moriscos que poblaban la zona de levante y las cercanías al lugar que nos concierne fueron desposeídos de sus tierras, discriminados e incluso esclavizados. Por consiguiente, aquellos que durante siglos habían sido dueños y señores de tierras, o sus descendientes, en alguna de las tres Taifas de Balansiya, no tuvieron más remedio que refugiarse en las montañas de los valles de Guadalest, Laguar, Alcalá, Ebo y la Gallinera para poder, así, vivir más tranquilos y crear su propio refugio apartados del cristianismo. El hecho de que el desplazamiento fuera hacía el sur y no hacía el norte no era otro que el empuje de la Corona de Aragón (desde el norte) y, quizás, de las cercanías o proximidades al anhelado al-Ándalus, que empezaba pues su decaimiento por las consiguientes conquistas cristianas.
Y es aquí cuando entra en juego la montaña alicantina, que fue sin duda alguna una isla rodeada de un mar de cristianismo. Los señores feudales de por aquel entonces anhelaban poseerla, pero aquella montaña era uno de los últimos reductos de aquellos orgullosos moriscos. Fueron años duros, de pactos breves, de emboscadas y escaramuzas entre dos bandos: Por un lado las tropas de Jaume I; por el otro, los partidarios del visir Al-Azraq, más conocido como el “Blau”.
El terreno, duro pero con los suficientes recursos para subsistir, debía de ser un terreno accesible y había que poner remedio a aquel problema. Así que, por eso, construyeron un sendero de aproximadamente unos 6873 escalones de piedra (sí, alguien se ha parado a contarlos), para poder acceder a esos bancales y tierras de cultivo, donde incluso llegaron a hacer un agujero a la montaña para cruzarla: El Forat de la Juvea.
Aquellos moriscos se habían convertido en auténticos “maquis” (los maquis eran los conocidos bandoleros en la época de la post-guerra civil española, e incluso antes, por “echarse al monte” a vivir y estar en contra de quien gobernaba).
Tras los periodos de sublevaciones, rebeliones e incluso treguas cortas, de 3 años, Al-Azraq, en el exilio después de su persecución, encabezó la que sería su última batalla en el asalto de Alcoy, ciudad reforzada por Jaume I. La ciudad se encomendó a San Jorge y en la batalla Al-Azraq fue muerto aunque la victoria fue para los moriscos, provocando la huida de los cristianos, a pesar de que curiosamente muchos de los moriscos acabarían en las cercanías de los 6000 escalones años más tarde de la victoria de Alcoy por el hijo de Al-Azraq. Por cierto, en ese mismo año, en julio, muere también Jaime I y su hijo Pedro (Pedro III de Aragón), acabaría por fin con la rebelión entre 1277 y 1278.
Pero la pacificación de las montañas de la Marina no fue más que para los cristianos, que aún seguían anhelando algunos de aquellos señores feudales un reparto mayor de aquellas tierras, a pesar del sincretismo religioso (intento de unir varias culturas o religiones) que por aquel entonces promulgaba el Reino cristiano al encomendar a San Jorge sus batallas y derechos sobre aquellas tierras. Cabe decir, que por aquel entonces existian pruebas más que suficientes sobre la convivencia de varias religiones en aquella Balansiya o Reino Taifa, y que la imposición o reconversión al cristianismo era una imposición venida desde los cristianos que hizo que aquellos pobladores moriscos se alzaran en rebeldía por no querer bautizarse.
Pasados los años, y debido a la persecución de que eran objeto por parte de la iglesia católica, los moriscos más rebeldes levantaron los ánimos de otros moriscos más dóciles y profanaron la parroquia de Santa Ana (PINCHANDO AQUÍ PODRÁS CONOCER OTRO ORIGEN “DUDOSO” ETIMOLÓGICO AUNQUE DOCUMENTADO SOBRE LAGUAR, ASÍ COMO REFERENCIAS A LA IGLESIA DE SANTA ANA.)
Por aquel motivo de disturbios, el emperador Carlos I publicó un decreto que obligaba a todos los moriscos a bautizarse, obligando a muchos moriscos que no querían perder sus tierras a convertirse al cristianismo, lo cual provocó nuevos disturbios. Este hecho obligó a Felipe II, como medida de prevención que, por sorpresa, fuesen desarmados todos los moriscos de todas las villas y lugares del Reino de Valencia, para finalmente, su hijo Felipe III, escuchando los reclamos de los cristianos sobre abusos y sacrilegios e indisciplina de los moriscos, dictó el famoso decreto de expulsión, llevando por consiguiente lo que sería el último reducto morisco de aquel Reino de Valencia: La Vall de Laguar.
Los que se resistieron a abandonar sus tierras hicieron frente a los cristianos, pero estos se vieron acorralados quedando como último reducto el Castell del Pop, un fuerte que estaba ubicado en la Sierra del Cavall Verd (793 metros) del que no queda ningún rastro según Escolano pero sí según los habitantes de la Murla, que aseguran que su iglesia está ubicada sobre las ruinas de esta fortaleza.
La Sierra de Cavall Verd, formada por dos cimas dando lugar a una especie de silla de montar, se dice que su origen, y nombre, se debe por su forma de silla y por encontrarse la cumbre llena de hierbas, según el libro “Las Décadas” (1611) de Gaspar Juan Escolano. También se cuenta la leyenda, por el lado morisco, de que a los amotinados y rebeldes de La Vall de Laguar, que reclamaban esas tierras como suyas, se les contaba que si luchaban y vencían, llegaría un gran caballo verde (Cavall Verd/Caballo Verde) que los llevaría al paraíso, leyenda que venía dada por Ezme, la hechicera morisca, lo que sin ninguna duda les dio el empuje y motivación para la lucha que de nada sirvió para los muchos que murieron y los otros que fueron reducidos definitivamente. Aquel caballo verde no vino para salvarles y el fin de La Vall de Laguar morisca llegó.
En noviembre de 1609, ante su debilidad, los moriscos se rindieron y fueron expulsados definitivamente y conducidos al norte de África. El 14 de junio de 1611, Vall de Laguar era finalmente repoblada mediante escritura de nueva repoblación y tomada por señores feudales y caballeros ansiosos de poder. Se cuenta que aquellas tierras fueron repobladas por catalanes de las islas, agricultores procedentes de la isla de Mallorca, pero lo cierto es que aquello no tendría mucho sentido ya que en la realidad Felipe III quiso debilitar a Aragón y que Castilla se hiciese más fuerte, así que podemos encontrar conflicto en este sentido que dejaremos al margen ya que no nos concierne en este artículo explicar quienes fueron aquellos que repoblaron aquel lugar.
Así que si os animáis a recorrer esta bella ruta y cercanías, bien sea la ruta de los 6000 escalones, el barranco del infierno o un bello paseo por estos valles rocosos, recordad que en cualquier momento podréis ver, quizás, a ese bello caballo verde que nuestros antepasados los moriscos no consiguieron ver para entrar en el paraíso. A todo esto, os pregunto ¿Quién necesita ir al paraíso cuando se encuentra en un lugar como este?
http://valenciabonita.es/2015/11/13/la-ruta-de-los-6000-escalones/
Foto de: perso.ya.com
¿El nombre del enclave? La Vall de Laguar, que proviene del árabe “Al-Agwar” y que significa “las cuevas”,
un municipio de la Comunidad Valenciana perteneciente a la comarca de
la Marina Alta, en la provincia de Alicante, siendo uno de los valles
del interior de la montaña de Alicante formado por los núcleos de
Benimaurell (Pueblo Alto, Poble Dalt), Campell (Pueblo Bajo, Poble
Baix), Fleix (Pueblo de Enmedio, Poble d´Enmig donde se sitúa el
ayuntamiento) y Fontilles, constituyendo, pues, todos estos pueblos un
solo municipio: La Vall de Laguar.
Pero el nacimiento de estos escalones tiene un comienzo y una historia maravillosa, aunque también de muerte y sangre, y ese comienzo no es otro que la conquista de Jaime I y el cristianismo. ¿Me acompañáis para conocer la historia de este precioso lugar?
Todo comienza en el siglo XIII, donde después de la reconquista, los moriscos que poblaban la zona de levante y las cercanías al lugar que nos concierne fueron desposeídos de sus tierras, discriminados e incluso esclavizados. Por consiguiente, aquellos que durante siglos habían sido dueños y señores de tierras, o sus descendientes, en alguna de las tres Taifas de Balansiya, no tuvieron más remedio que refugiarse en las montañas de los valles de Guadalest, Laguar, Alcalá, Ebo y la Gallinera para poder, así, vivir más tranquilos y crear su propio refugio apartados del cristianismo. El hecho de que el desplazamiento fuera hacía el sur y no hacía el norte no era otro que el empuje de la Corona de Aragón (desde el norte) y, quizás, de las cercanías o proximidades al anhelado al-Ándalus, que empezaba pues su decaimiento por las consiguientes conquistas cristianas.
Y es aquí cuando entra en juego la montaña alicantina, que fue sin duda alguna una isla rodeada de un mar de cristianismo. Los señores feudales de por aquel entonces anhelaban poseerla, pero aquella montaña era uno de los últimos reductos de aquellos orgullosos moriscos. Fueron años duros, de pactos breves, de emboscadas y escaramuzas entre dos bandos: Por un lado las tropas de Jaume I; por el otro, los partidarios del visir Al-Azraq, más conocido como el “Blau”.
El terreno, duro pero con los suficientes recursos para subsistir, debía de ser un terreno accesible y había que poner remedio a aquel problema. Así que, por eso, construyeron un sendero de aproximadamente unos 6873 escalones de piedra (sí, alguien se ha parado a contarlos), para poder acceder a esos bancales y tierras de cultivo, donde incluso llegaron a hacer un agujero a la montaña para cruzarla: El Forat de la Juvea.
Aquellos moriscos se habían convertido en auténticos “maquis” (los maquis eran los conocidos bandoleros en la época de la post-guerra civil española, e incluso antes, por “echarse al monte” a vivir y estar en contra de quien gobernaba).
Tras los periodos de sublevaciones, rebeliones e incluso treguas cortas, de 3 años, Al-Azraq, en el exilio después de su persecución, encabezó la que sería su última batalla en el asalto de Alcoy, ciudad reforzada por Jaume I. La ciudad se encomendó a San Jorge y en la batalla Al-Azraq fue muerto aunque la victoria fue para los moriscos, provocando la huida de los cristianos, a pesar de que curiosamente muchos de los moriscos acabarían en las cercanías de los 6000 escalones años más tarde de la victoria de Alcoy por el hijo de Al-Azraq. Por cierto, en ese mismo año, en julio, muere también Jaime I y su hijo Pedro (Pedro III de Aragón), acabaría por fin con la rebelión entre 1277 y 1278.
Pero la pacificación de las montañas de la Marina no fue más que para los cristianos, que aún seguían anhelando algunos de aquellos señores feudales un reparto mayor de aquellas tierras, a pesar del sincretismo religioso (intento de unir varias culturas o religiones) que por aquel entonces promulgaba el Reino cristiano al encomendar a San Jorge sus batallas y derechos sobre aquellas tierras. Cabe decir, que por aquel entonces existian pruebas más que suficientes sobre la convivencia de varias religiones en aquella Balansiya o Reino Taifa, y que la imposición o reconversión al cristianismo era una imposición venida desde los cristianos que hizo que aquellos pobladores moriscos se alzaran en rebeldía por no querer bautizarse.
Pasados los años, y debido a la persecución de que eran objeto por parte de la iglesia católica, los moriscos más rebeldes levantaron los ánimos de otros moriscos más dóciles y profanaron la parroquia de Santa Ana (PINCHANDO AQUÍ PODRÁS CONOCER OTRO ORIGEN “DUDOSO” ETIMOLÓGICO AUNQUE DOCUMENTADO SOBRE LAGUAR, ASÍ COMO REFERENCIAS A LA IGLESIA DE SANTA ANA.)
Por aquel motivo de disturbios, el emperador Carlos I publicó un decreto que obligaba a todos los moriscos a bautizarse, obligando a muchos moriscos que no querían perder sus tierras a convertirse al cristianismo, lo cual provocó nuevos disturbios. Este hecho obligó a Felipe II, como medida de prevención que, por sorpresa, fuesen desarmados todos los moriscos de todas las villas y lugares del Reino de Valencia, para finalmente, su hijo Felipe III, escuchando los reclamos de los cristianos sobre abusos y sacrilegios e indisciplina de los moriscos, dictó el famoso decreto de expulsión, llevando por consiguiente lo que sería el último reducto morisco de aquel Reino de Valencia: La Vall de Laguar.
Los que se resistieron a abandonar sus tierras hicieron frente a los cristianos, pero estos se vieron acorralados quedando como último reducto el Castell del Pop, un fuerte que estaba ubicado en la Sierra del Cavall Verd (793 metros) del que no queda ningún rastro según Escolano pero sí según los habitantes de la Murla, que aseguran que su iglesia está ubicada sobre las ruinas de esta fortaleza.
La Sierra de Cavall Verd, formada por dos cimas dando lugar a una especie de silla de montar, se dice que su origen, y nombre, se debe por su forma de silla y por encontrarse la cumbre llena de hierbas, según el libro “Las Décadas” (1611) de Gaspar Juan Escolano. También se cuenta la leyenda, por el lado morisco, de que a los amotinados y rebeldes de La Vall de Laguar, que reclamaban esas tierras como suyas, se les contaba que si luchaban y vencían, llegaría un gran caballo verde (Cavall Verd/Caballo Verde) que los llevaría al paraíso, leyenda que venía dada por Ezme, la hechicera morisca, lo que sin ninguna duda les dio el empuje y motivación para la lucha que de nada sirvió para los muchos que murieron y los otros que fueron reducidos definitivamente. Aquel caballo verde no vino para salvarles y el fin de La Vall de Laguar morisca llegó.
En noviembre de 1609, ante su debilidad, los moriscos se rindieron y fueron expulsados definitivamente y conducidos al norte de África. El 14 de junio de 1611, Vall de Laguar era finalmente repoblada mediante escritura de nueva repoblación y tomada por señores feudales y caballeros ansiosos de poder. Se cuenta que aquellas tierras fueron repobladas por catalanes de las islas, agricultores procedentes de la isla de Mallorca, pero lo cierto es que aquello no tendría mucho sentido ya que en la realidad Felipe III quiso debilitar a Aragón y que Castilla se hiciese más fuerte, así que podemos encontrar conflicto en este sentido que dejaremos al margen ya que no nos concierne en este artículo explicar quienes fueron aquellos que repoblaron aquel lugar.
Así que si os animáis a recorrer esta bella ruta y cercanías, bien sea la ruta de los 6000 escalones, el barranco del infierno o un bello paseo por estos valles rocosos, recordad que en cualquier momento podréis ver, quizás, a ese bello caballo verde que nuestros antepasados los moriscos no consiguieron ver para entrar en el paraíso. A todo esto, os pregunto ¿Quién necesita ir al paraíso cuando se encuentra en un lugar como este?
http://valenciabonita.es/2015/11/13/la-ruta-de-los-6000-escalones/
domingo, 27 de diciembre de 2015
¿Sabías que Zayyan fue el último rey musulmán de Valencia?

Zayyan ibn Mardanish o Zayán Ibn Mardanix (Onda, ? – Túnez, 1270), también conocido como Zahén o Çaèn, fue el último rey musulmán de Valencia. Zayyan, descendiente del rey Lobo, era un noble musulmán que residía en Onda antes de sublevarse contra el gobernador almohade de Valencia Abú Zayd.
Aprovechando el deterioro social que se estaba produciendo en la capital del Turia, Zayyan derrocó a Abú Zayd en el año 1229. El derrocado Zayd quiso vengarse de tal afrenta y llegó a un acuerdo de vasallaje con el cristiano Jaime I el Conquistador, rey de Aragón, lo cual le facilitó la conquista del Reino de Valencia.
Desligado del poder musulmán de Murcia, Zayyan fue derrotado por Jaime I en la Batalla de El Puig en 1237. Zayyan se hizo fuerte en la ciudad de Valencia y afrontó en soledad el asedio del rey Jaime I a la ciudad, la cual finalmente entregó el 9 de Octubre de 1238, al no recibir la ayuda esperada del sultán de Túnez.
En los acuerdos de capitulación Zayyan pactó con el rey aragonés su
salida y la de los suyos de tierras valencianas, a través del puerto de
Cullera. Zayyan se retiró primero a Denia, y después a Murcia, donde es
nombrado gobernador, aunque dura poco en el puesto, y finalmente se
exilia en Túnez, donde falleció hacia el 1270.
viernes, 11 de diciembre de 2015
Morfología urbana de la ciudad en época musulmana
Para introducirnos dentro de Valencia
tras la conquista de la ciudad por Jaume I, es necesario conocer la
estructura y funcionalidad de esta en la época que le precede. De esta
forma vemos como Valencia no se va a desarrollar plenamente hasta el
siglo X y XI donde la huerta, que es la base económica de la ciudad,
experimenta un momento de alta productividad.
La ciudad musulmana como tal no es una
descomposición de la urbe romana, esta tiene personalidad propia. En la
antigüedad Valencia poseía una distribución ortogonal con calles
perpendiculares siguiendo la tradición hipodámica griega, pero en el
siglo VIII sufrirá un gran cambio.
No se sabe cómo quedo la ciudad tras la
destrucción de esta a manos de Abd el-Rhaman I en 778, pero la
reconstruirá totalmente al estilo musulmán. La ciudad se desarrollará
sin ningún tipo de ordenación municipal, la tradición decidía el
emplazamiento de las diferentes construcciones. Fue a partir del siglo
XI cuando la ciudad se convertirá en una auténtica Medina provista de
murallas (construidas por Abd el-Aziz) y una fortaleza o alcázar en el
centro de la urbe, lugar donde actualmente se encuentra el palacio
arzobispal. Al costado del alcázar se encontraba la mezquita mayor (no
queda ningún vestigio de esta), construida sobre la catedral visigoda,
que estaba encima de una Basílica romana. Actualmente en este solar se
sitúa la actual catedral de Valencia.
La muralla de la Valencia musulmana fue
construida por Abd el Aziz a mitad del siglo XI, seguía aproximadamente
el curso del primitivo brazo meridional del rio Guadalaviar. Están
documentadas las siguientes puertas de acceso al recinto urbano de la
ciudad de Valencia; Bab-al Shakir y Bad al-Warraq, Baad al-qantara, Bad
al-Hannash, Bad Baytala, Bad al-Shari´a y Bad al- Faradj.
Las calles principales de la ciudad eran muy
sinuosas, parten de las puertas de la muralla y cruzaban el centro
urbano, que era el mismo que en época romano- visigoda y que conservará
tal función hasta el siglo XIX (la actual plaza de la Madre de Dios).
Eran calles estrechas, ya que en época musulmana no existía a penas
tráfico rodado por las calles de la urbe. El ambiente era alborotador
lleno de boticas y de mercaderes ambulantes.
Las casas principales de las calles daban
nombre a estas. Dichas casas se cree que pudieron ser parecidas a las
mansiones romanas, con patio central. Se trata de edificaciones
majestuosas, en contraposición con las viviendas de los musulmanes
comunes, que eran muy pobres y pequeñas, tanto que, tras la conquista de
la ciudad y el reparto de las casa entre los repobladores, donaban dos
casas musulmanas para construir una cristiana.
Una característica de la ciudad musulmana
era su fragmentación, muy acusada si la comparamos con las urbes
romanas, tremendamente unitarias. La comunidad judía habitaba en un
barrio concreto que se cerraba por la noche. Este barrio se encontraba
en el exterior de la ciudad romano-visigoda, pero quedará dentro de los
límites de la ciudad tras la construcción de la muralla en el siglo XI.
En cuanto a edificios monumentales, en el
mundo islámico solo en la arquitectura regia se hacían grandes
edificaciones, y será bajo el reinado de Abd el Aziz que traerá a la
ciudad de Valencia una época de esplendor, donde se llevará a cabo la
construcción de la muralla (una de las más fuertes del islam) y de la
Almunia de Vilanova, un palacio regio.
viernes, 4 de diciembre de 2015
ELS BANYS DE L'ALMIRALL
El palau de l’Almirall
El palau de l'Almirall,
al qual estan annexos els banys, és un edifici de traça gòtica, amb
importants remodelacions del segle XVIII. L'interior conserva nombrosos
elements originals, com el pati central amb el pou i l'escala d'accés a
la primera planta, en la qual destaca la galeria de finestres ogivals.
Durant la restauració de
l'edifici per a seu de la Conselleria d'Hisenda es va recuperar també
un magnífic enteixinat gòtic decorat amb motius heràldics.
ELS BANYS DE L'ALMIRALL
L'hammam musulmà o
bany de vapor, és hereu en concepte funcional i constructiu de les
termes romanes, si bé el món musulmà va reduir les dimensions i
estandarditzà la planta. El bany és important en la societat musulmana
perquè és un element essencial en les pràctiques religioses: el creient
només pot orar després de la purificació, general o reduïda. També
posseeix finalitat higiènica i social. Els banys eren per a homes i dones, que els utilitzaven en dies diferents.
Segons C. Boigues,
València disposava, almenys, de divuit banys en època islàmica. Solien
emplaçar-se en llocs d'accés fàcil, prop de les portes de la ciutat i en
carrers cèntrics, no molt allunyats de les mesquites. L'aigua també
condicionava la seua situació; però a València açò era poc important,
perquè s'obtenia fàcilment de pous.
Els cristians medievals
també es banyaven, si no per necessitats rituals o litúrgiques, com en
el món musulmà i jueu, si per higiene, fet que es constata en alguns
monestirs que posseïen els seus propis banys. Les tres religions
existents aleshores acudien al mateix bany en diferents dies i segons
una reglamentació estipulada, que manifesta ben a les clares la
convivència dels grups ètnics i religiosos medievals.
La ciutat encara
conserva un d’aquests banys, antigament anomenat del Carreró i després
de l'Almirall, pel palau al qual està unit, amb accés per l'estret
carreró que s'obre al costat de la façana del palau. Existeix un
document del 1313, pel qual Jaume II autoritzà el cavaller Pere de
Vila-rasa a construir aquests banys públics en terrenys de la seua
propietat. Tot i haver estat fets ja en època cristiana, són similars
als banys de vapor o hammam característics de l'arquitectura islàmica.
Van acomplir la seua
funció de manera ininterrompuda durant més de sis segles, des que es
van construir fins a mitjans del segle XX. Els treballs de restauració
van permetre constatar les transformacions que sofriren per a
adaptar-los als canvis de la higiene pública, des de l'època baix
medieval fins a la contemporània.
Els segles XIV i XV
s'usaven com a bany col lectiu, a partir del segle XVI van decaure
perquè es pensava que transmetien malalties contagioses, i al S.XIX van
passar a tenir cabines individuals de bany per a respectar la
privacitat. Una de les reformes, durant el segle XIX, va destruir el
vestíbul i els donà un aspecte neo àrab ben exòtic.
El 1944 es van declarar
monument historico artístic, menyspreant una declaració anterior feta
durant la Segona República. Continuaren funcionant fins el seu tancament
definitiu el 1959. Des del 1963 funcionaren com a gimnàs. El 1985 la
Generalitat Valenciana adquirí l'edifici, que es va declarar Bé
d'Interès Cultural (BIC) el 1993. El 1999 es dissenyà un projecte de
rehabilitació, iniciat el 2001 i acabat el 2005.
L’edifici

La
part de l'edifici conservada consta de tres sales rectangulars
paral·leles, orientades de N. a S., la freda, la tèbia o temperada i la
calenta. La fàbrica dels seus murs és molt sòlida i molt gruixuda, d’uns
0,80 m. per al manteniment d'una atmosfera càlida, resistir la humitat i
mantenir la calor, sense més obertures que les de les portes amb doble
batent que comuniquen les sales, i unes petites lluernes estrellades
obertes a les voltes, que deixaven passar la llum, amb cobertes mòbils
de vidre o alabastre, per a controlar l’eixida ò no del vapor.
Habitualment, a aquest conjunt, o bany pròpiament dit, s'afegia una sala
amb funcions de vestíbul o lloc de repòs, a més dels locals de servei,
com la sala de la caldera i el dipòsit de llenya.
La porta d'entrada actual és un arc de ferradura amb decoració neo àrab, realitzat en la reforma del segle XIX.
La sala d'estar o vestíbul (al-bayt al-masia)
Sol
ser la més gran i ornamentada. S'utilitzava per a desvestir-se i com a
sala d'espera, lloc de repòs i de trobada, una vegada finalitzat el
bany. L’original va ser derruïda en una de les reformes, però es va
construir de nou en la restauració, per tal que completés la tipologia
dels banys. Té un peristil o arcada perimetral sobre columnes i
finestres superiors, tot seguint els dibuixos i plànols que havia fet el
viatger francès del segle XIX Alexandre de Laborde.
En el mur sud d'aquesta sala s'obre la porta que condueix a la sala freda.
La sala freda, de trànsit o exterior (al-bayt al-barid)
És la primera de les
tres que componen la part humida, a la qual s'accedeix des del vestíbul.
Tenia una pica d'aigua freda perquè els banyistes la barrejassen amb
aigua calenta. En ella hi ha també un rebost o petit magatzem i els
evacuadors o latrines. És de forma rectangular i en els extrems té una
menuda sala o alcova, separada per dos arcs de mig punt recolzats en la
paret i en una columneta central de marbre, llisa, sense basa i amb
capitell troncocònic invertit.
Es cobreix amb una volta
de canó amb lluernes estrellades per a ventilació i entrada de llum. Ha
conservat algunes restes del paviment original.
La sala tèbia, intermitja o temperada (al-bayt al-wastani)
De
la sala freda s'accedeix a la tèbia, la més important i bella del
conjunt, on es barrejava l'aigua freda amb la calenta; la temperatura
era suau, el banyista solia passar allí més temps, per això és la més
ampla. Com l’anterior, està dividida en dues alcoves laterals
rectangulars cobertes amb voltes de canó amb lluernes estrellades, però
hi ha tres arcs sobre dues columnes a cada banda, de la mateixa
tipologia que les anteriors. La coberta de la part central és una cúpula
octogonal que recolza en la paret, sobre
trompes, i en els arcs que separen les alcoves. La cúpula també està
perforada per lluernes estrellades, que formen un cercle amb una de
central.
La sala calenta o interior (al-bayt al-sajun)
És l'última dependència,
amb accés des de la sala tèbia, en ella hi ha una pica per a l'aigua
calenta. Les altes temperatures s'aconseguiein amb l'aire calent
procedent del forn contigu, que circulava per l’ hipocaust, una cambra
de poca alçada sostinguda per pilarets davall del paviment, i després
pujava per l'interior dels murs de la sala, a través d'unes xemeneies
denominades escalfadors. El paviment estava molt calent, els banyistes
abocaven poals d'aigua, que generava vapor; després de passar un temps
en aquesta sala, anaven a la tèbia per a rebre massatges o conversar.
També es divideix en tres parts amb alcoves als extrems, però en aquest
cas, separades per dos arcs faixons; la coberta és de volta de canó amb
obertures estrellades.
El forn
El
proveïment d'aigua tenia lloc per mitjà d'una sínia i la seua
distribució seria regulada possiblement mitjançant una bassa. El forn
que escalfava la caldera (al-burma) se situava a un nivell inferior al
sòl de les sales humides. Aquest forn tenia una doble funció, escalfar
l'aigua que arribava a la caldera, des d’on era utilitzada en el bany
calent i, barrejada amb aigua freda, en el temperat, a més de
proporcionar aire calent a l’ hipocaust i als escalfadors de la sala
calenta. Potser prop del forn hi hauria el magatzem de llenya.EL PORTAL DE VALLDIGNA
Se situa cap a la meitat del carrer del mateix nom. Va ser obert l’any
1400 en la muralla àrab, per a donar accés directament al barri de la
moreria. El forat fet en la muralla es va revestir amb carreus de pedra
donant-li forma de volta rebaixada, amb una façana d’ arc de mig punt,
que encara conserva darrere les pedres amb els forats on s’encaixava la
porta. En algun moment posterior es va retallar i arrodonir la part
baixa dels brancals de l’arc per a donar-li més amplària i facilitar el
pas, açò li dóna un fals aspecte moresc d’arc de ferradura.
Quan es va restaurar el 1965 es col·locà sobre l’arc un retaule d’estil
gòtic i factura moderna, obra de Vicente Rodríguez, especialista en
aquestes imitacions, que tenia el seu estudi en el mateix carrer.
Al retaule figuren els escuts de València i del monestir de la
Valldigna; està compost per una gran taula central amb Jaume II oferint a
Bononat de Vilaseca, abat de Santes Creus, la vall d’Alfòndec per a la
construcció d’un monestir, quan li va dir: Vall digna per a un monestir
de la vostra religió! i l’abat li va respondre: Senyor, Vall digna!,
representats sobre el fons d’un paisatge que figura la vall, amb soldats
i la mar al fons; està emmarcat per dos entre carrers amb les imatges
de Sant Adolf, Sant Artur i els dos Sants Vicents i té un remat o punta
amb la Mare de Déu i el fill.
La imatge de la Mare de Déu potser estiga ací en record d'una capelleta,
dedicada a Nostra Dona de la Bona Son, que l’any 1539 van fer els veïns
sobre l'arc, l'advocació de la qual, juntament amb el nom del portal,
figura a la paret, en una inscripció que imita cal·ligrafia antiga:
Les edificacions sobre el portal van començar el segle XVII, aprofitant
la muralla per a ampliar les cases pròximes. Ara són modernes, però amb
un aspecte tradicional molt ben aconseguit.
Aquest nom de Valldigna li ve per la proximitat de la Casa Procura del
monestir, que estava situada on l’actual teatre Escalante, al carrer de
Landerer. Allí hi ha una placeta que es va obrir per eixamplar el
carrer, després d'enderrocar unes cases. La més antiga de la plaça té el
cantó arrodonit, fet de pedra, amb una inscripció esculpida de l'any
1755, que diu:
Molt a prop del portal, el mestre impressor Lambert Palmart va
instal·lar una de les primeres impremtes, en la qual es va imprimir
l'any 1474 Les Trobes en lahors de la Verge Maria, un primerenc
incunable, que són els llibres impresos abans del 1500. Una placa de
marbre blanc, col·locada en un edifici del segle XIX, recorda aquest
fet.
També es diu que al costat del portal Fra Joan Gilabert Jofré
s’interposà a l'assetjament d'un foll, cosa que li va fer canviar el seu
sermó quaresmal i propicià la fundació, el 9 d'abril de 1409, de
l’Hospital dels Folls i dels Innocents, el primer manicomi del món.
Finalment, a la casa número 10 del mateix carrer hi ha una menuda placa
de pedra negra, col·locada el segle XIX, que assenyala el lloc on
estigué la casa tradicionalment considerada natalícia de Sant Pere
Pasqual, un màrtir mossàrab nascut cap al 1227, pocs anys abans de la
conquesta de la ciutat per Jaume I, el qual va ser bisbe de Jaén i morí
decapitat pels moros de Granada el 6 de desembre de l'any 1300.
(actualment alguns historiadors crítics opinen que el tal sant no va
existir mai, perquè consideren que al segle XVII es va produir una
confusió que unificà en Pere Pasqual un parell de personatges
diferents, i que els escrits a ell atribuïts són d'una època molt
posterior pel seu llenguatge i contingut, així com que algunes obres
considerades seues són traduccions d'originals llatins coneguts a tota
Europa)
L'ALMODÍ
La
porta actual de l’Almodí es troba a la plaça de Sant Lluis Bertran, una
de les més acollidores de València, centrada per una font amb
l’escultura en bronze del sant, que va nàixer ací el 1526. Encara podem
veure la seua casa natal, restaurada el segle XIX, amb un balcó corregut
i unes manisetes del segle XIX, relatives a la passió de Crist, que
duen aquesta llegenda en castellà:
O culpas lo que pesais
sobre este duro madero
desfallezco, caigo, muero
almas y no me aiudais.
El
palau dels Escrivà, del segle XV, recau a la plaça i conserva una bella
porta amb arc ogival i timpà, en el qual hi ha un escut de pedra
llaurada; la casa va ser molt remodelada en el XVIII, afegint balcons
amb boniques manisetes per sota. També es troba ben a prop l'església de
Sant Esteve, així mateix del segle XV, on van ser batejats Sant Lluis
Bertran i Sant Vicent Ferrer, ambdós dominics. Corre la llegenda que els
batejats allí no moren d’accident, però és comprovadament falsa.
Història:
El nom deriva de la paraula àrab almud, unitat de mesura de grans, que el relaciona amb una de les seues funcions bàsiques.
Aquest
almodí va ser el principal edifici destinat a magatzem, distribució i
venda de blat de la ciutat de València. Es construí sobre una part de
l'antic alcàsser islàmic i al costat d'un dels accessos romans a la
ciutat, segurament en els anys immediatament posteriors a la
reconquesta. No va ser l'únic, perquè es tenen notícies que ja en època
àrab va haver un almodí situat al costat de la Mesquita Major, per
l'emplaçament de l’actual Palau Arquebisbal, del qual es desconeix la
tipologia constructiva. També es coneix l'emplaçament d'un altre d'època
cristiana situat al costat de l'actual Plaça Redona, on per aquell
temps hi havia les carnisseries majors, i recentment han aparegut sis
arcs d’un altre possible almodí a l’antic palau del baró de Vallverd, al
carrer de la Mar. El nostre Almodí també va compartir la funció de
magatzem de blat amb les drassanes del port.
Era
un edifici de propietat reial, L'Almodí del Senyor Rei, i per tant en
la seua construcció van participar els més importants mestres d'obres de
l’època. A finals del segle XV va passar a ser governat pel Consell
Municipal de la ciutat de València, que va custodiar i organitzà tot el
procés d'abastiment del blat en els segles posteriors. Aquest procés,
sotmès a una rígida reglamentació, amb funcionaris públics encarregats
d'organitzar-lo, demostra la importància que tenia l'Almodí en una
ciutat mancada moltes vegades d'un producte de primera necessitat com el
blat, que precisava de constants importacions per a assegurar-ne
l'abast.
L'actual
edifici té els seus inicis documentals en un privilegi que Pere II el
Gran, de Barcelona estant, va atorgar a València el 23 d'agost de 1379,
per a instal·lar un almodí. Açò indueix a pensar que l'anterior seria
insuficient o estaria molt deteriorat i es va crear un de nou. La seua
construcció es creu que va acabar el 1417; encara que alguns autors el
daten un segle més tard, sembla, per notícies documentals, més correcta
la primera data.
S'iniciaren
les obres a càrrec dels mestres d'obra procedents del Palau Reial de
València, Guillem Just i Miquel Navarro, que s'encarregaren de fer el
front i els primers arcs que recauen al carrer de l'Almodí. L'edifici
entrà en una nova fase d'obres cap el 1455, quan es tornà a decidir la
seua ampliació i acabament definitiu. Les obres estigueren a càrrec de
l'important mestre, també relacionat amb l'entorn reial, Francesc
Baldomar. Aquest construiria la resta d'arcs i el desaparegut porxo que
donava al carrer de l'Almodí.
Baldomar
emprà les solucions constructives que aleshores caracteritzaven
l'arquitectura valenciana, amb una gran perfecció en l'art de tallar la
pedra, que hom pot observar als arcs situats en diagonal als quatre
racons interiors, rebaixats els dos del fons i amb motllures
geomètriques i vegetals els situats prop de l'entrada actual.
Els
canvis més notables de l’edifici es van executar a partir del segle
XVI, amb reformes que alteraren el seu aspecte original. Una d'elles va
ser el nou porxo renaixentista, una altra la construcció de la coberta
de la nau central, i altra la col·locació -sobre un empedrat anterior de
còdols- d’un nou paviment amb l'escut de la ciutat i la data de 1571
gravada en una de les pedres de l'enllosat. A partir de 1609 i durant
el segle XVII fou quan es van fer les pintures murals al tremp que
ocupen tres murs de l'interior.
Durant
el segle XIX s'eliminà un porxo sobre la porta del carrer de l'Almodí i
el que donava a la plaça de Sant Lluís Bertran es va cegar; també es
feren reformes a les cobertes de fusta (s'eliminà el ràfec anterior) i
s'obriren noves finestres amb reixes. El 1908, dos anys després de
deixar de donar servei com a magatzem de blat, l'Almodí es convertí en
la seu del Museu Paleontològic, que el va ocupar fins a l’any 1991.
El 1969 va ser declarat Monumento Nacional.
L'any 1993 començà una restauració a càrrec dels arquitectes Juan Añón,
José Mª Herrera i Rafael Martínez, acabada el 1996, que va renovar la
coberta i tragué a la llum el porxo de tres arcs que recau a la plaça de
Sant Lluís Bertran. La restauració va obtindre una menció als Premis
COACV 1996 i el Premi Europa Nostra de 1998. L’Almodí serveix actualment
com a sala d'exposicions de l'Ajuntament de València.
L'edifici:
Situat
en una de les zones més antigues de la ciutat, constitueix una sola
illa, limitada pel carrer del seu nom al sud, el del Salvador a l'oest,
el carrer Estret de l'Almodí al nord i la plaça de San Luis Bertran a
l'est.
Com
queda dit, les dimensions d'aquest magatzem eren menors i es va anar
ampliant durant els segles XV i XVI. Sembla que l'ampliació es va
realitzar en sentit longitudinal, afegint un tram o crugia per la part
del carrer del Salvador, i el porxo a l’altra banda. Les diverses
intervencions estaven mancades, en principi, d’intencions estètiques.
A
l'exterior és massís i sòlid. En els cantons es van utilitzar carreus
de pedra, la resta dels murs és de maçoneria seguint la tècnica de la
tàpia valenciana, l'única decoració dels quals són uns escuts de la
ciutat. En la façana posterior, un fragment de pedra molt baix correspon
a l’antic alcàsser islàmic i un altre vertical i estret era una
cantonera, anterior a l’ampliació.
Degut
a la vital importància del seu contingut, se suposa que originalment va
tindre un aspecte fortificat, amb merlets i camí de ronda per a la seua
defensa; era un pati central a cel obert voltat d’una galeria coberta,
de forma similar a l'Almodí de Xàtiva, fins que al segle XVII es va
incorporar la coberta central, donant-li així l’aspecte actual que
recorda el tipus de basílica romana.
Tingué
dos accessos principals, un porxo pel carrer de l'Almodí, del qual
només es conserva l'arc d'entrada, de mig punt, i el de la plaça de Sant
Lluís Bertran, redescobert en l'última restauració.
Descripció de l’interior:
L’edifici
és de planta rectangular. L’interior consta d’una zona central ampla i
més alta, que abans estigué a cel obert, separada de les laterals per
quatre arcades. L’actual coberta de fusta, amb un sostre a dos aigües en
la part central i a un aigua en les laterals, produeix la sensació de
divisió en tres naus, amb la central de major altura i amplària,
semblant a una basílica romana.
En
les naus laterals s'adverteixen canets o permòdols, uns suports de
pedra per a bigues, que indueixen a pensar que originalment va existir
un camí de ronda o una barbacana defensiva. La finalitat defensiva també
explica els merlets, que encara conserven l'espitllera i l’existència
de les 47 finestres que es veuen a la part superior del mur, just sota
el ràfec, que corresponen als espais entre els merlets. És molt probable
que les naus laterals estigueren cobertes per aquest camí de ronda
i compartimentades, a causa de l'existència de murs de separació que
dividien aquests espais.
Les
arcades són molt diferents, mostren les successives obres i
ampliacions: Les del nord i sud tenen sis arcs de mig punt (mitja
circunferència), les altres en tenen dos arcs, la de l’est els
té peraltats (que allarguen cap avall la línia de la mitja
circumferència) i els de la
de l'oest són ogivals o apuntats. L'últim arc de la sud, té senyals
visibles d'una construcció posterior, per la seua irregularitat i la
diferència de les dovelles respecte als arcs restants, també les
arrencades d'aquest arc són de pedra, mentre que la resta les tenen de
rajola. L’arcada nord talla l’arc de l’angle est i s’adapta al pilar
comú mitjançant una gran mènsula esglaonada.
Els
pilars mostren grossària i decoració diferents entre ells. Hi ha algun
començament d’arc, que pot correspondre a una galeria anterior a
l’ampliació.
Cal destacar els arcs rebaixats diagonals que uneixen les arcades i els murs dels quatre cantons:
Els
dos que recauen cap a la plaça recolzen sobre unes columnes
arrodonides, alguns capitells de les quals estan decorats. Per la seua
unió amb la resta de la fàbrica semblen una part del pati d’una casa
dels Vilaragut, comprada per a construir l’edifici sobre el seu solar
i aprofitada en la nova construcció.
Els
altres dos arcs rebaixats, corresponents a l’ampliació, tenen els seus
carreus en forma d’espina o angle i l'intradós (la part baixa o
inferior) revirat, és a dir, que comencen de forma còncava al racó i
acaben en convexa al cantó, ajustant-se als dos diferents angles.
L’actual
entrada principal de la plaça de Sant Lluís Bertran és el porxo
construït en altra ampliació de la primera meitat del segle XVI. Imita
l'esquema renaixentista d'un arc entre dues llindes (conegut com a
serliana), però amb llenguatge gòtic. El porxo segueix una ordenació amb
tres arcs de pedra sobre dues parelles de pilars poligonals, separats
per un espai adintellat o recte. Al mur exterior, sobre cadascun dels
arcs hi ha un escut amb les quatre barres, símbol de la ciutat.
Les pintures:
De
notable interès són les pintures murals al tremp sobre tres de les
arcades –en la corresponent al sud no n’hi ha-. Daten del segle XVII,
són d’estil popular i tenen valor documental pel fet que en elles es
representen sants, patrons i devocions religioses d'aquella època,
moltes inspirades en gravats, amb mencions dels llocs des d’on arribava
el blat i els noms dels guàrdies d'aquell moment.
Hi figuren aquestes imatges i sants (abreujadament):
Al mur oest,
Antoni de Pàdua, Josep, M.D. Desemparats, Joan Baptista, Pasqual
Bailón, per sota, Lluis Bertran i Nicolau Factor, amb una inscripció:
SENT GVARDIA MATIAS FERRER.
Al mur nord,
Crist amb ànimes del Purgatori, amb inscripció: ANY 1665. A 12 DE JUNI
ENTRA FORMENT NOVELL DE GIRIVELLA SENT GVARDIA JAUME FABREGVES.
Puríssima amb inscripció: ... DE MAIG, ENTRA FORMENT NOVELL... ALAQVAS
ESENT GVARDIA JOSEPH PERERA. Abdó, Àngel llaurant, Isidre, Maria de la
Cabeza, Senent, amb inscripció: ENTRO GVUARDIAN, JVAN ESCRICH, AÑO 1609.
Sobre els dos grups anteriors, M.D Puig, Pere Nolasc i Jaume I, M.D.
Rosari, M.D. Carme i Simó Stock, Antoni de Pàdua, Martí i Jesús Pobre,
Custòdia, Jordi matamoros, amb inscripció: A 9 DE JUNI 1672 ENTRA
FORMENT NOVELL DE CHIRIVELLA DE FRANCISCO JUSEPH ALAMA GVARDIA. Vicent
Ferrer, M.D. Desemparats i Bisbe, amb inscripció: A 19 DE JUNI ENTRA
FORMENT NOVELL DE CAMPANAR DE LA VIVDA NA BELLO I SENT GVARDIA CORIANO
FABREGAT. Vicent Màrtir, M.D. Sufragi, Ànimes, amb inscripció: EL AÑO
1666 ENTRO GVARDIA SICVNDO ODLLER. finalment, la inscripció: ARCIS
GARDENY GVARDIA. AVE Mª 1673. SIN PECADO.
Al mur est, Josep,
Jaume, M.D. Remei, Esteve, Pasqual Bailón, Cavaller penitent, amb
inscripció: EL AÑ DE 1610 A DEV DE JVNI ENTRA LO FORMENT NOVELL DE
VISENT OLGAR DE ALDAIA SENT GVARDIA JAVME ALONSO.
Totes aquestes pintures les va restaurar Luis Roig d’Alós.
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